viernes, 2 de octubre de 2009

Candidatos del poder

Aunque son como el agua y el aceite, el Alcalde de Cali y el Gobernador del Valle parecen tener el propósito común de consolidar un proyecto político que trascienda sus períodos de gobierno. Y el primer paso es tener presencia en el Congreso que se elegirá en marzo. Ignoro las pretensiones de Jorge Iván hasta donde llegan. Las de Abadía sí son de conocimiento público: ser presidente de Colombia. Por ello, anda empeñado en fundar un partido y pretende que los comicios legislativos sean su primer examen. Los pasos que ha dado para integrar sus listas muestran que el partido será nuevo, pero las prácticas que lo gobernarán serán las mismas que imperaron en Convergencia Democrática y en el MPU, donde el Gobernador hizo escuela en política. Está claro que, al conformar sus cuadros, Abadía no está pensando en llevar al Congreso gente de primera categoría, para que represente al Valle y luche por sus intereses. No, al escoger como cabeza de lista a Juan Carlos Rizzeto, un ilustre desconocido, lo que busca el jefe Abadía, como acertadamente lo bautizó Luis Guillermo Restrepo, es poner en el Legislativo un hombre que tenga claro que los votos no son suyos, sino del jefe. Y que, por lo tanto, sea fácil de mangonear. Por los lados del Alcalde, todo indica que las banderas de su movimiento en el Congreso las portará su hermano Mauricio. Ese hecho es consecuente con lo que dijo Ospina en la entrevista que concedió para el especial que hizo Semana sobre el Valle: “El mejor regalo que le podemos hacer a la memoria de mi padre es que mis hermanos se dedicaran al servicio público”. Y a continuación expresó: “Ellos son igualmente responsables de que a NUESTRO gobierno le vaya bien...”. Lo primero que llama la atención es que Ospina hable de NUESTRO gobierno, como si los 260.000 votos que obtuvo no hubieran sido para él, sino para los hermanos Ospina Gómez. Ojo, Jorge Iván. El que ignora la historia está condenado a repetirla, por ello me permito recordarle que, aquí, a los gobernantes que han pretendido endosarle los votos a sus hermanos les ha ido fatal. Hace 20 años, José Renán Trujillo quiso suceder a su hermano Carlos Holmes en la Alcaldía y lo derrotó estruendosamente Germán Villegas. Y más recientemente, Robert Rodríguez pretendió llegar al Senado cuando John Maro estaba en la Alcaldía y no sacó dos mil votos. En ambos casos el incesto electoral fue rechazado por los votantes. Y con razón, porque no tiene presentación tener a dos hermanos compartiendo un mismo escenario político, como lo han hecho los Moreno en Bogotá, con resultados funestos para la capital y para su gobernante.

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